Y el día quizá te lleve. Más lejos aún. Más lejos de mi, de todo. Más lejos de lo que alguna vez soñaste llegar. Yo me quedo con los pies en el barro, tierra mojada de lágrimas. Trayéndote, para no hundirme, para no hundirnos.
Mentiría si dijera que tu recuerdo es tristeza, porque cuando entrás en mi cuarto, en esa brisa de mañana peligrosa, no puedo evitar sonreír. A veces por el día que empieza, otras por la noche que termina.
Mantengo viva, como la llama de una vela, la última frase que me dijiste: Sé un mujer, pero nunca crezcas. Y, aunque a veces alguien me lo reproche, no crecí.
Conservo la ilusión, como la que hacías crecer en mi cada vez que me prometías un viaje, o una bici nueva, o cuando me contabas todo lo que iba a pasar el día de mi cumpleaños.
Conservo el asombro, como el que me inundaba con cada una de tus historias. Conservo el miedo, como el que sentía cada vez que apagábamos la luz y me contabas de ese payaso malo que te tiraba de los pies cuando eras chico y vivías en el campo, o del señor de la sombra, que se llevaba a los chicos que no dormían la siesta.
Conservo todos tus libros, respeto el orden y el lugar. No dejo que se llenen de polvo, y cada tanto, elijo uno al azar y me lo llevo para leer en el Bondi.
Conservo las buenas costumbres, y alguna que otra mala.. tambien.
Río cuando cierro los ojos y nos veo jugando a la pelota en el patio y que la abuela se enoje por las plantitas.
Río y muestro los dientes, porque me hiciste creer que si los escondía se caían más rápido. Y me cepillo los dientes tres veces al día, para que el Ratón Pérez me traiga más plata.
Lloro. Claro que también lloro. Sin vergüenza porque me enseñaste que hace bien, con vergüenza, a veces, cuando es por tonterías.
Sigue gustándome la lluvia, aunque sea triste, vos me entendés. También amabas la lluvia.
Soy fiel. Sobretodo conmigo misma. Me entrego y aprendí que, como siempre, tenías razón. A veces te rompen en pedazos, y cuesta armarse de nuevo. Una vez, dos veces y volver a empezar. Pero chocar varias veces con la misma piedra no significa fracaso. En algún momento se aprende a saltarla. Y otras, con suerte, a convertir esa piedra en puente. Y cruzar..
Me olvido nombres, a veces caras, o dónde dejé las llaves. Soy despistada y atenta, detallista. Soy, a veces y de nuevo, esa nena que va a cruzar la calle sola por primera vez. Soy quien le sacó las rueditas a la bici y se lanzo a andar.. pero con la diferencia de que ya no estás del otro lado de la calle, ni empujando la bici, para festejar conmigo.
Vos allá, yo acá, pero juntos. Siempre juntos.
Te extraño.
Mentiría si dijera que tu recuerdo es tristeza, porque cuando entrás en mi cuarto, en esa brisa de mañana peligrosa, no puedo evitar sonreír. A veces por el día que empieza, otras por la noche que termina.
Mantengo viva, como la llama de una vela, la última frase que me dijiste: Sé un mujer, pero nunca crezcas. Y, aunque a veces alguien me lo reproche, no crecí.
Conservo la ilusión, como la que hacías crecer en mi cada vez que me prometías un viaje, o una bici nueva, o cuando me contabas todo lo que iba a pasar el día de mi cumpleaños.
Conservo el asombro, como el que me inundaba con cada una de tus historias. Conservo el miedo, como el que sentía cada vez que apagábamos la luz y me contabas de ese payaso malo que te tiraba de los pies cuando eras chico y vivías en el campo, o del señor de la sombra, que se llevaba a los chicos que no dormían la siesta.
Conservo todos tus libros, respeto el orden y el lugar. No dejo que se llenen de polvo, y cada tanto, elijo uno al azar y me lo llevo para leer en el Bondi.
Conservo las buenas costumbres, y alguna que otra mala.. tambien.
Río cuando cierro los ojos y nos veo jugando a la pelota en el patio y que la abuela se enoje por las plantitas.
Río y muestro los dientes, porque me hiciste creer que si los escondía se caían más rápido. Y me cepillo los dientes tres veces al día, para que el Ratón Pérez me traiga más plata.
Lloro. Claro que también lloro. Sin vergüenza porque me enseñaste que hace bien, con vergüenza, a veces, cuando es por tonterías.
Sigue gustándome la lluvia, aunque sea triste, vos me entendés. También amabas la lluvia.
Soy fiel. Sobretodo conmigo misma. Me entrego y aprendí que, como siempre, tenías razón. A veces te rompen en pedazos, y cuesta armarse de nuevo. Una vez, dos veces y volver a empezar. Pero chocar varias veces con la misma piedra no significa fracaso. En algún momento se aprende a saltarla. Y otras, con suerte, a convertir esa piedra en puente. Y cruzar..
Me olvido nombres, a veces caras, o dónde dejé las llaves. Soy despistada y atenta, detallista. Soy, a veces y de nuevo, esa nena que va a cruzar la calle sola por primera vez. Soy quien le sacó las rueditas a la bici y se lanzo a andar.. pero con la diferencia de que ya no estás del otro lado de la calle, ni empujando la bici, para festejar conmigo.
Vos allá, yo acá, pero juntos. Siempre juntos.
Te extraño.
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